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Bruno Balestrini/ Arquitectura/ Románico menor en Italia/ Abadía de S. Pietro a Villanova
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Románico menor en Italia

Abadía de S. Pietro a Villanova

Los historiadores remontan los orígenes de este edificio a la Alta Edad Media (siglo VIII, año 763). El terremoto de 1117 habría causado graves daños y la configuración actual se debería a las posteriores intervenciones de reparación y reconstrucción. Los primeros documentos que mencionan el monasterio de San Pietro en Villanova se remontan a las primeras décadas del siglo XII (1131) y se refieren a la reconstrucción llevada a cabo por el abad Uberto de los condes de San Bonifacio. A lo largo de todo ese siglo se registran situaciones de privilegio y exenciones que permiten el enriquecimiento de la institución monástica. La decadencia comienza en el curso del siglo XIII. La edificación de la torre campanario, entendida como construcción levantada con fines militares, se remonta cronológicamente a la época romana, mientras que su uso como campanario data de las primeras décadas del siglo XII, con reformas en el período renacentista (cuerpo de campanas). Numerosas reestructuraciones e innovaciones afectaron al edificio, y a todo el conjunto monástico, a lo largo de los siglos, sobre todo en los siglos XV y XVII (creación de nuevos altares, apertura de ventanas, adición de los dos pilares/contrafuertes poligonales de la fachada, rematados por el escudo de la orden olivetana). La iglesia de San Pietro en Villanova tiene tres naves, que se reflejan en la fachada tripartita (ver foto fachada), articulada por la alternancia de piedras claras perfectamente escuadradas y labradas, asentadas con poco mortero, y ladrillos rojos, dispuestos en hileras horizontales superpuestas de tres, cuatro o cinco piezas, con el fin de crear, mediante el contraste cromático, un motivo decorativo. Este bicromatismo afecta a la parte alta de la fachada (ver foto detalle fachada) y se interrumpe justo debajo de las vertientes de las naves laterales y justo encima de la ventana rectangular, abierta en época tardía en el centro de la fachada, dejando a las simples piedras blancas, también bien escuadradas y perfectamente ensambladas, el revestimiento de las partes bajas (obsérvese que las partes inferiores de esta sección del muro acusan cierto «descuido», tanto en el material utilizado como en su empleo). En la fachada se abren tres ventanas cuadradas, dos más pequeñas sobre las naves laterales y la mayor en el centro, bajo un rosetón (hoy cerrado por la cubierta abovedada realizada en la época olivetana). Sobre el rosetón hay una cruz procesional en relieve. La entrada actual es obra tardía y consiste en una sencilla portada adintelada sin decoraciones, con dintel monolítico de mármol rojo de Verona. Dos contrafuertes poligonales recorren verticalmente la fachada en correspondencia con los laterales de la nave central y culminan cada uno con el escudo de la orden olivetana (el monte Calvario, coronado por la cruz con dos árboles esculpidos bajo los brazos: es evidente que fue realizado por esta orden, tras pasar a ella la propiedad de la abadía) (ver foto detalle contrafuerte). Una secuencia de arquillos ciegos monolíticos de moldura sencilla corona todo el perfil superior tripartito de la fachada. Estos arquillos se apoyan, donde aún se conservan, en pequeñas ménsulas decoradas con motivos geométricos «de fuelle» (incisiones horizontales en el zócalo de la ménsula). Por encima de esta decoración, y a lo largo de todo el alero, corre un perfil de piedra blanca en diente de sierra. El costado longitudinal meridional de la iglesia no es visible, ya que está flanqueado por las estructuras del monasterio, del claustro y de dependencias monásticas y rurales más o menos antiguas. En el muro oriental interior del claustro siguen siendo visibles, único legado de las antiguas estructuras románicas del monasterio, una ventana monófora y una bífora de factura sencilla y de piedras grises, hoy bastante desgastadas. EXTERIOR: COSTADO NORTE Sistemas constructivos no homogéneos revelan la diversidad cronológica de las distintas intervenciones que debieron de marcar este edificio; desde el exterior (teniendo en cuenta, por ahora, solo las estructuras de la iglesia, ya que también el campanario presenta muros de características constructivas distintas), pueden identificarse al menos tres episodios constructivos principales, quizá atribuibles a solo dos fases edilicias: una primera fase románica, anterior al terremoto de 1117, y la siguiente, consecuencia de la restauración. El muro de la nave lateral septentrional está construido en su mayor parte con piedras blancas bien escuadradas, salvo el tramo próximo a la fachada, donde la puesta en obra es más desordenada y el material empleado no presenta especial cuidado ni labra y está asentado con mucho mortero. Diferente es el muro superior de la nave central, donde las técnicas constructivas se presentan en al menos tres fases distintas (ver foto muro norte nave central): desde la fachada hacia la zona absidal, a lo largo de algunos metros, el muro está compuesto por ladrillos rojos dispuestos en espiga y alternados con franjas horizontales de piedras claras escuadradas (este tipo de técnica muraria se encuentra también en las partes inferiores, encima del zócalo de cimentación, de los ábsides central y septentrional, aunque aquí se invierten, por así decirlo, los factores, es decir, las intersecciones del aparejo en espiga de piedras simples en abundante mortero están realizadas con ladrillos rojos). Prosiguiendo el análisis del muro de la nave central hacia la cabecera de los ábsides, tras este tramo de muro de factura «ordenada» y geométricamente equilibrada, sigue un tramo de muro, de unos 4-5 metros de longitud, en cuyo aparejo aparece otro factor que repite, en cierto modo, las estructuras murarias de la nave lateral en la zona contigua a la fachada, con sillares poco labrados y gruesas capas de mortero, en las que no se ha buscado crear módulos geométrico-cromáticos regulares. Y además, cerca de la sección absidal, el muro (siempre de la nave central) vuelve al modelo de ejecución que caracteriza la mayor parte del muro perimetral de la nave lateral, de piedras blancas bien escuadradas y abundante mortero. Estas diferencias podrían ser indicio de la entidad de las intervenciones de restauración o renovación realizadas a raíz del desastroso terremoto de 1117, que no implicaron reconstrucciones radicales, sino reestructuraciones más o menos significativas, que afectaron, en nuestro caso, sin duda a las partes altas, más expuestas a los desequilibrios provocados por el seísmo. Cabe señalar además una especie de cornisa saliente, de piedra gris, que corre longitudinalmente a lo largo de toda la nave superior, a aproximadamente medio metro por encima del actual arranque de la vertiente del tejado de la nave lateral; quizá sea indicio de una colocación más antigua y elevada de la cubierta, visible también en la parte absidal, donde la vertiente de la nave lateral se encuentra a un nivel más bajo que la vertiente opuesta de la nave lateral sur. Los aleros, tanto de la nave lateral como de la nave central, construidos con ladrillos en algunas hiladas horizontales, conservan además, como única decoración, en lugar del más clásico motivo de arquillos ciegos, una sencilla cornisa de dentículos, también de ladrillo rojo (ver foto lado norte aleros). ZONA ABSIDAL También la zona absidal presenta discontinuidades constructivas, tanto en la elección de los materiales empleados como en su puesta en obra. El edificio tiene una cabecera con tres ábsides, con dos ventanas por absidiolo, dispuestas en dos niveles: una monófora arriba y, abajo, una ventana con marco de ladrillo y arco rebajado (fruto de reformas). El ábside central, de mayores dimensiones que los laterales, iguales entre sí, tiene en cambio seis ventanas monóforas, también dispuestas en dos niveles y de distinto tamaño, pero en apariencia bastante coherentes con el sistema murario que caracteriza la construcción de este ábside. La observación de los cimientos (las ventanas de la cripta se sitúan justo encima de este nivel del muro), que forman un todo con la base de la torre campanario, inclina a pensar en una ejecución unitaria del conjunto torre-iglesia. Por otra parte, la fábrica del zócalo es de piedra simple, con gruesas capas de mortero, y probablemente no estaba pensada para quedar a la vista (ver foto zona absidal y campanario). ÁBSIDE SUR El absidiolo de la izquierda (ábside meridional) parecería de factura más antigua, tanto por la disposición del muro en su conjunto como por el remate de arquillos ciegos compuestos (ver foto ábside sur y central). La parte inferior del muro (por encima del muro de cimentación) se caracteriza por la puesta en obra de piedras toscamente desbastadas, en gruesas capas de mortero. En este muro se inserta la ventana de arco rebajado y marco de ladrillos (reconstruida); un poco más arriba, aproximadamente a la mitad del muro absidal, una cornisa horizontal de ladrillos rojos separa este tosco muro de piedras claras de la parte superior, donde también se emplea la piedra blanca, pero más labrada y mejor escuadrada, aunque tampoco aquí falta el mortero, rematada por una decoración de arquillos ciegos de construcción no homogénea. En el centro del semicírculo absidal se abre otra ventana (también en este caso se trata de una obra tardía, ya que su construcción destruyó dos de los arquillos colgantes superiores). Solo los arquillos de la parte meridional del semicírculo se muestran íntegros y originales, compuestos por pequeños ladrillos rosados dispuestos en arco; los demás que se conservan están ensamblados de forma demasiado aproximada para pertenecer a la construcción original. Este tipo de remate de arquillos ciegos formados por dovelas de barro cocido o de piedra, ensambladas en arco, revela una ejecución prerrománica, sin duda anterior a la colocación de los arquillos que coronan los otros dos ábsides. Estos, además de la comparación con los de la pieve de Sasso (provincia de Parma), como ya han sugerido los estudiosos, pueden compararse también con la parte absidal de lo que queda del llamado «Sepolcro dei Monaci» (siglos IX-X), junto a la iglesia abacial de San Michele alle Chiuse, situada en la entrada del Val di Susa, en el Piamonte. Pero un ejemplo territorialmente más próximo y asimilable también por el tipo de material empleado, el ladrillo rojo, lo representan los pocos arquillos de barro cocido que aún coronan el ábside central de la iglesia plebana de Sant'Andrea en Sommacampagna (provincia de Verona), datable en el siglo XI. Volviendo a San Pietro, los historiadores consideran que antiguamente (siglo VIII) se alzaba aquí un sacelo cuyos restos estarían representados por este absidiolo. En efecto, el tramo de muro que lo une con el ábside central, dado que por sus características constructivas se acerca mucho al sistema murario empleado en el ábside mayor, parecería precisamente fruto de la adaptación de este absidiolo menor a la reconstrucción que habría afectado al ábside central y al absidiolo norte. El muro sur presenta características diferentes del resto del edificio eclesiástico; por otra parte, también un tramo de muro del edificio lateral (prolongación ideal del muro perimetral de la nave lateral sur) conserva unos pocos metros de fábrica, hoy confundidos en la edificación más reciente de ladrillo, que permiten hacer algunas consideraciones sobre los aspectos constructivos. Esta fábrica, por su sistema de ejecución y los materiales empleados (piedras blancas de pequeño tamaño, escuadradas pero no alisadas e insertadas ordenadamente en gruesas capas de mortero), remite en efecto a la particularidad muraria, de mayor extensión, del muro exterior de la nave lateral norte. En el interior, en el lado este de lo que queda del claustro, en la planta baja, hay una ventana monófora y una bífora de antigua factura, probable indicio de lo que ha quedado, junto con este tramo de muro exterior, de las estructuras monásticas de época románica. continúa >>>

Cómo citar

Bruno Balestrini (fotografía), «Abadía de S. Pietro a Villanova», Románico menor en Italia, S. Bonifacio, Italia. Archivo fotográfico Bruno Balestrini, https://brunobalestrini.org/cita/romanico-minore-00036/. Consultado el [fecha de consulta].

Este texto ha sido traducido del original italiano con la ayuda de la inteligencia artificial (Claude). Leer la versión italiana.