Viajes
Birmania
Shwedagon Paya, Yangon
«Y he aquí que se alzó en el horizonte un misterio dorado, una espléndida y reluciente maravilla que llameaba bajo el sol, con una forma que no era la de una cúpula musulmana ni la de la aguja de un templo hindú. “Esa es la vieja Shwedagon”, dijo mi compañero de viaje. La cúpula dorada dijo: “Esto es Birmania, y será distinta de cualquier otra tierra que hayas podido conocer”» Rudyard Kipling, Letters from the East (1898). Myanmar ocupa una superficie de 671000 km 2 y está situado entre Laos y Tailandia al este y Bangladés al oeste, con la India y China en su frontera septentrional. El golfo de Bengala y el mar de Andamán marcan el límite meridional del país.
Myanmar siempre ha sido un país desgarrado por continuos conflictos internos, con la consiguiente plétora de dictadores, rebeldes, guerrilleros y revolucionarios. Todavía hoy está gobernado por un régimen de militares socialistas, que poco a poco han dado al pueblo una apariencia de mayor libertad, liberando del arresto domiciliario a la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi y a muchos otros disidentes.
Hoy es posible visitar el país con un permiso de 28 días, suficiente para obtener un cuadro completo y rico de la cultura de este extraordinario país. Hasta hace pocos años, en efecto, el permiso para los turistas era de solo siete días. Puedo garantizar que desde entonces hasta hoy las grandes ciudades han sufrido notables transformaciones, mientras que la mayor parte del país sigue completamente libre de toda contaminación de la tecnología occidental.
Muchas son las cosas que visitar en Myanmar: la asombrosa Shwedagon Paya de Yangon; Mandalay, la última capital del país, recostada sobre el imponente río Ayeyarwady; las antiguas y monumentales capitales de Ava, Amarapura y Sagaing; el imponente zedi de Mingun. El espectacular valle de los templos de Bagan: no hay lugar en el mundo que pueda igualar en belleza sus 40 km² de terreno salpicados de miles y miles de templos. Mires donde mires, hay estupas y templos.
Solo unos pocos conjuntos arquitectónicos religiosos pueden competir con tanta belleza, como la india Khajuraho, la mexicana Palenque, la guatemalteca Tikal y la camboyana Angkor. Tanto ofrece al viajero este país único, que no tiene igual en el Sudeste Asiático.
El pueblo es el verdadero recurso de Myanmar, sociable, servicial y siempre dispuesto a regalaros una sonrisa. Esto permanecerá indeleble en la memoria, haciéndoos volver a las imágenes de los niños, de las mujeres y de los hombres siempre sonrientes.
Gran fiesta en el interior de la inmensa Shwedagon Paya de Yangon
Ríos de niños en cada rincón
Para los budistas la Shwedagon Paya es el lugar más sagrado de todo el país, y esperan visitarla al menos una vez en la vida
La leyenda cuenta que en el interior del imponente zedi se custodian ocho cabellos de Buda
El poderoso zedi no es más que una de las muchas construcciones que forman el enorme conjunto religioso de la Shwedagon
Es agradable deambular observando los distintos templos, los pabellones, las imágenes de Buda, las campanas, las estupas; es un lugar donde, además de observar, se experimentan y se encuentran sensaciones en cada rincón
Rostros y vida cotidiana
Un anciano que ofrece flores
Una ancianita absorta en sus pensamientos
Una monja que imparte lecciones
Devoción en los templos
En cada rincón, grupos de personas relajadas charlan y rezan con total serenidad
Un fiel absorto en oración ante la estatua de Buda
Dos muchachas a resguardo del bochorno, duermen en el interior de un templo
Monjes relajados en el templo
Cuánta dulzura en la mirada de Buda, miles son las ofrendas de los fieles, y por todas partes las varillas de incienso perfuman el aire
Trabajo en el campo
Estas trabajadoras estaban tan concentradas en su actividad que no se dieron cuenta de que las estaba fotografiando, asustadas, corrieron a cubrirse y esconderse
Monte Popa y valle de Bagan
Subí a la cima del monte Popa al amanecer; la niebla rodeaba todavía esta cumbre solitaria, llamada el Olimpo de Myanmar por ser la morada de los nats más importantes y poderosos. La subida es muy empinada y fatigosa, y a lo largo del sendero se encuentra una multitud de peregrinos y de monjes. Al llegar a la cima, no fue el panorama lo que me recompensó del esfuerzo realizado, sino la gracia y la dulzura de este conjunto: qué dulce es el niño que sostiene el cuenco.
El valle de Bagan ofrece la vista más asombrosa de todo el país: mires donde mires, verás ruinas de templos. El fervor religioso dio origen, en dos siglos y medio, a un número increíble de templos en este valle. La ciudad entró en su período de gloria en el año 1057 d. C.. por obra de Anawratha, y prosiguió con esplendor hasta 1287, cuando fue devastada por los mongoles de Kublai Kan.
Muchas son las imágenes que retratan el maravilloso valle de los templos de Bagan, tan silencioso y soleado: quiero recordarlo con el violento aguacero que se cernía amenazador sobre la cima de la Shwesandaw Paya. HP
De repente el aire se volvió húmedo y a nuestro alrededor se hizo el silencio, mi guía me invitó a ponerme a cubierto. Disfruté de aquella tormenta, única por su violencia y su estruendo, en este valle sacudido por violentos terremotos, el último en 1975, en la cima del templo, en compañía de unos pocos birmanos sorprendidos y divertidos por mi comportamiento
Botsuana
Maya
Las ruinas de Palenque
La Ruta Maya es un proyecto nacido para favorecer el turismo en beneficio de los pueblos mayas y de su tierra. El creador de este loable proyecto es el antiguo director de National Geographic, Wilbur E. Garret. A este proyecto se han adherido los gobiernos de México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador, toda el área geográfica en la que se desarrolló la antigua cultura maya.
Paisajes grandiosos, selvas tropicales, desiertos, playas larguísimas, inmensos sitios arqueológicos. Pero también una metrópoli de 20 millones de habitantes que, a pesar del tráfico caótico y del aparente desorden, conserva el encanto de sus innumerables construcciones precolombinas, los espléndidos murales de Diego Rivera y el bellísimo Museo de Antropología. Ciudad de México es el punto de partida obligado de todo recorrido para poder comprender la historia de este extraordinario pueblo.
Guatemala, Belice y México fueron la cuna de una de las civilizaciones más antiguas, la de los mayas. Quien llega a esta tierra quiere ver las pirámides, los templos, las grandes estelas cubiertas de inscripciones y los amplios campos para el juego de pelota. Pero la cultura maya no está hecha solo de recuerdos del pasado. Recorriendo todo el país uno se da cuenta de hasta qué punto este pueblo sigue vivo: ya no construyen pirámides ni templos, pero os acompañan en la vida de todos los días. Están a vuestro lado cuando vais al restaurante, cuando pedís una información, cuando compráis mercancías en el mercado, y, después de haber visto los petroglifos que representan los rostros de los antiguos mayas, resulta desconcertante advertir su parecido con los rostros encontrados durante el día. Hoy son nada menos que 2 millones los descendientes de los mayas que viven en su antigua tierra. Lugares encantados, donde la visita a un sitio arqueológico representa un momento único para sumergirse en una dimensión antigua tan lejana de nosotros y de nuestra lógica. Lugares donde los niños todavía juegan a la comba, se divierten corriendo detrás de una lata vacía que rueda calle abajo, y te regalan una sonrisa que es a la vez una mezcla de alegría y de tristeza: más que todos los templos, las playas, las pirámides y los mercados, impresiona la mirada altiva y orgullosa de este pueblo que fue grande y aún tiene la fuerza de demostrarlo, a pesar de todas las dificultades.
Teotihuacán, pirámide de la Luna
Teotihuacán
. A solo 50 kilómetros de Ciudad de México se alza Teotihuacán, llamada la ciudad de los dioses por la grandiosidad de sus edificios. Famosas son las dos imponentes pirámides de la Luna y del Sol, esta última la tercera del mundo por dimensiones, después de la de Cholula y la de Keops en Egipto. La pirámide del Sol fue construida en el año 100 d. C. y reconstruida en 1908, empleando 3 millones de toneladas de piedra sin disponer de herramientas de hierro, de animales de tiro y mucho menos de la rueda. Desde la cima se disfruta de una vista sorprendente de todo el conjunto arqueológico, que se extiende a lo largo de la calzada de los Muertos, desde la pirámide del Sol hasta la Ciudadela, decorada con cabezas de la serpiente emplumada, Quetzalcóatl.
Uxmal, junto con Chichén Itzá, es la zona arqueológica más visitada de México. Situada en las colinas Puuc, que deben su nombre a los testimonios arqueológicos de esta zona, que se remontan al siglo VI antes de Cristo, Uxmal representa el centro maya más antiguo que existe. Describiendo la pirámide del Adivino, el explorador estadounidense J.L. Stephens escribió en su libro «Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatan»: - Estaba allí, en la entrada, mientras el sol se ponía y los edificios proyectaban sombras prodigiosamente anchas, que oscurecían las terrazas sobre las que se alzaban los propios edificios, ofreciendo un espectáculo que tenía el hechizo de un encantamiento. - El palacio del Gobernador es considerado unánimemente la estructura más bella de todo el conjunto arqueológico de Uxmal.
Palenque: grupo de la Cruz
Palenque
. Inmerso en la exuberante selva de la región de Chiapas se alza uno de los principales centros religiosos mayas del período clásico. En el período de mayor florecimiento –del 100 al 900 d. C.– el sitio se extendía por un área de unos 35 kilómetros cuadrados, de los que solo uno ha salido a la luz. La leyenda cuenta que H. Cortés llegó a solo 40 km de las ruinas de Palenque sin darse cuenta de su existencia. Otras expediciones se sucedieron sin éxito. Cuando por fin, en 1837, J.L. Stephens alcanzó Palenque, la suya fue la primera verdadera investigación, que dio inicio a la búsqueda arqueológica. Se cree que son al menos quinientos los edificios que componen la antigua Palenque, y de ellos solo una decena han salido a la luz.
El templo de las Inscripciones, en cuyo interior se descubrió una cripta que contenía la tumba de Pakal, uno de los soberanos del lugar.
Chichén Itzá
. Sin duda uno de los sitios arqueológicos más grandes y mejor conservados de México. La mayoría de los arqueólogos considera que fue habitado una primera vez entre los siglos VI y X después de Cristo, y los restos de los edificios denotan el estilo Puuc; y una segunda vez, del siglo X en adelante, por los toltecas, que unieron su cultura a la de los mayas e introdujeron el culto de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. El mayor atractivo del lugar es El Castillo, el templo más antiguo: resulta sorprendente comprobar cómo, durante los equinoccios de primavera y de otoño, la luz y la sombra forman una serie de triángulos en el lado norte de la escalinata, que dan la imagen de una serpiente que se arrastra. El 21 de marzo la serpiente parece subir, mientras que el 21 de septiembre parece bajar; esta ilusión óptica dura unas tres horas.
Tulum
. Las ruinas de Tulum están bien conservadas, pero no tienen especial importancia arqueológica para los estudiosos; pertenecen al período tolteca y representan el único ejemplo de ciudad costera fortificada. La construcción del Castillo domina toda la pequeña ciudad y se recorta con fuerza sobre el azul cristalino del mar, sobre el verde de las palmeras y sobre el blanco de la arena coralina.
Tikal: vista de los templos de Tikal
Tikal
El sitio se encuentra dentro del Parque Nacional, una reserva de 575 kilómetros cuadrados que comprende miles de edificios en ruinas. Para visitar todos los edificios más famosos hay que recorrer a pie nada menos que 10 kilómetros. Pero lo que veréis es prácticamente incomparable. Templos escarpados de más de 44 metros de altura se elevan por encima de las copas de los árboles; muchos de ellos han sido hábilmente sacados a la luz y limpiados de la vegetación que los había sumergido, otros están todavía en fase de restauración. El aire que se respira es distinto del de todos los demás sitios arqueológicos: los perfumes y los ruidos de la selva ofrecen sensaciones que solo en Tikal se pueden percibir.
Copán
El sitio arqueológico de Copán, en Honduras, es sin duda uno de los descubrimientos más extraordinarios de la civilización maya; una vez más hay que estar agradecidos a J.L. Stephens de que las ruinas llegaran a conocerse en todo el mundo. Las esculturas de Copán son únicas en el mundo maya: basta pensar en la escalinata de los jeroglíficos, que en 63 peldaños esculpidos narra la historia de la familia real de Copán. El sitio es famoso también por sus estelas, enormes paralelepípedos de piedra finamente esculpidos.
Antigua Guatemala
Antigua
Fundada en 1542 como Santiago de los Caballeros y rodeada por tres volcanes, Agua, Fuego y Acatenango, llegó a ser una de las más bellas ciudades españolas. Destruida varias veces por violentos terremotos en el pasado (todavía hoy pueden observarse los daños en los monumentos), fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Pasear por Antigua es relajante: las casas bajas permiten ver el volcán de Agua desde cualquier punto de la ciudad. Las iglesias barrocas han sido casi todas reconstruidas tras la devastación de los recientes terremotos. La Merced es la más extraordinaria iglesia-convento colonial de la ciudad; en su interior hay una fuente considerada la más grande de Centroamérica.
Lago Atitlán
Rodeado por tres volcanes, el lago ocupa un cono volcánico hundido de más de 300 metros de profundidad. En sus orillas hay muchas aldeas donde viven minorías étnicas que a diario acuden a las plazas de los pueblos para vender sus productos de artesanía. Dejaos mecer por sus aguas a bordo de la barca que os llevará a visitar las aldeas de Santa Catarina Palopó, San Antonio Palopó y Santiago Atitlán. Cuántos colores en los mercados, en los vestidos, cuántos niños empeñados en atrapar al turista para venderle recuerdos, pero pocas sonrisas espontáneas.
Rapa Nui
Rano Kau y el poblado de Orongo
Rapa Nui, la isla de Pascua, representa en el imaginario colectivo un destino casi inalcanzable, uno de los lugares más aislados del mundo, un museo viviente a 4000 km del continente chileno. Tiene forma triangular, delimitada en sus vértices por tres volcanes apagados. Su población está compuesta por polinesios de raza maorí. La isla es energía, magia, una fuerza que te envuelve en cuanto pones el pie en ella. Es una maravilla verse en equilibrio sobre este escollo en medio del océano. El territorio puede irse descubriendo y visitando con distintos medios: en coche, a caballo, en bicicleta, a pie. A la isla de Pascua le falta la barrera de coral, por lo que sus costas están continuamente erosionadas por la acción del mar. Los moáis, esculturas enigmáticas, llenan las jornadas; se encuentran por todas partes, de todos los tamaños y con expresiones muy variadas, algunas bastante cómicas. Todos los moáis en posición erguida han sido restaurados gracias a la cooperación internacional. Son una compañía silenciosa y misteriosa. Muchas son las teorías sobre los moáis, su significado y su procedencia, pero todas más o menos ligadas a la leyenda y, por tanto, misteriosas. Las antiguas esculturas de Rapa Nui, los moáis, se parecen unas a otras, pero muy pocas son idénticas entre sí. Una vez terminado, el moái era transportado y colocado sobre el ahu, la plataforma destinada a la función ceremonial, que la mayoría de las veces servía de pedestal a la estatua. Los moáis estaban adornados con tocados rojizos, los pukao, de forma cilíndrica. La isla y sus históricos habitantes de piedra son sencillamente encantadores. Haz clic en la imagen para ampliarla
Sin duda uno de los lugares de interés más famosos de toda la isla: Rano Kau es un lago que ocupa el cráter de un volcán, lleno de cañaverales flotantes y de flores de vivos colores. A poca distancia se alza el poblado ceremonial de Orongo, hoy casi completamente restaurado, desde el que se disfruta de una vista encantadora hacia distintas partes de la isla. En Orongo se celebraba en la Antigüedad la ceremonia para el nombramiento del Hombre Pájaro, el culto de Makemake, visible en algunas rocas con relieves del Hombre Pájaro. Frente a Orongo se encuentran las islas de Motu Nui, Motu Iti y Motu Kao Kao.
Ahu Akivi
En el interior hay siete moáis restaurados en 1960 que, a diferencia de los demás, son los únicos que miran hacia el mar. Su función, como la de todos los moáis, era proteger y, por tanto, vigilar la aldea y el área ceremonial. Según los arqueólogos, el mar solo quedaría casualmente dentro de su campo visual. Durante los equinoccios estas estatuas miran directamente hacia la puesta de sol.
Ahu Tahai y Ahu Akapu
En el centro de Hanga Roa, la capital de Rapa Nui, hay un lugar muy sugestivo a orillas del mar: Ahu Tahai, sobre el que se asienta un moái solitario sin tocado. No muy lejos, en Ahu Vai Uri, yacen cinco moáis de distintas formas y tamaños. En el lado opuesto se encuentra el imponente Ahu Ko Te Riku, un moái con tocado y ojos redondos. El pintoresco cementerio de Hanga Roa se asoma al mar
Anakena y Ahu Nau Nau
Por toda la isla, se divisan moáis de pie o tendidos, con el rostro contra el suelo, a menudo con su tocado a poca distancia y, a su alrededor, la brisa del océano que los acaricia dulcemente.
Pero no falta la clásica belleza de la costa y de la playa blanca: Anakena, bordeada de verdes palmeras, es la playa más grande de Rapa Nui. Aquí se alza Ahu Ature Huki, un sitio arqueológico con un moái solitario, devuelto a su posición erguida gracias a la colaboración de los isleños. Y además Ahu Nau Nau, siete maravillosas estatuas que, durante las excavaciones, revelaron a los arqueólogos que los moáis no eran ciegos, sino que estaban dotados de preciosos ojos con incrustaciones de coral. Cuatro de ellas conservan incluso el tocado, mientras que otras se reducen ya a míseros torsos.
Rano Raraku
Apodado «el vivero» o «la fragua» de los moáis, el volcán es la cantera de donde se extraían los bloques de toba utilizados para esculpir los moáis. La caminata que lleva hasta la cima serpentea entre decenas y decenas de estatuas, algunas terminadas, otras abandonadas a lo largo de la ruta de transporte, otras todavía esculpidas en la montaña. Entre ellas, el moái más grande de todos mide nada menos que 21 metros de altura. En el interior del cráter duerme una pequeña laguna, en cuyas laderas hay decenas de moáis en posición erguida. Se calcula que en este sitio arqueológico hay más de 500. El lugar es fascinante, lleno de energía y de misterio.
Ahu Tongariki
Uno se queda sin palabras ante la fascinante belleza de este sitio arqueológico. El monumental ahu es el más grande jamás construido. Gracias a una empresa japonesa, nada menos que 15 moáis han sido restaurados y devueltos a su posición erguida, después de que un tsunami los derribara en 1960. Solo a uno de ellos se le ha vuelto a colocar el tocado.
Ahu Te Pito Kura
En la costa septentrional de la isla, en la ensenada de la bahía La Pérouse, se alza uno de los moáis más grandes, jamás transportados desde las canteras de Rano Raraku. La estatua yace boca abajo, con el rostro contra el suelo, y mide más de 10 metros de largo, dotada de un tocado ovalado en lugar de redondo como los demás. La leyenda cuenta que el moái fue encargado por una viuda, que quería honrar a su difunto marido.
No lejos del ahu se encuentra una piedra llamada Te Pito Kura, que significa el ombligo del mundo. Según la leyenda, esta, de color blanco y redondeada, con fuertes propiedades magnéticas, fue traída por el propio Hotu Matua como símbolo del centro del universo.