El siglo XIX
EL SIGLO XIX
El telar mecánico de J. M. Jacquard, presentado en la Exposición de París de 1801, provocó una gran revolución en el mundo textil: eliminó los complejos aparatos necesarios para producir el dibujo, simplificó el proceso de fabricación y, al hacer simultánea la obtención de numerosos efectos, mejoró la perfección del producto y favoreció numerosas fórmulas decorativas. Si bien los esfuerzos en el plano del progreso técnico fueron copiosos, en el campo del uso de la máquina la iniciativa se limitó a la recuperación y la reproposición de la herencia del pasado, con la que inevitablemente había que confrontarse. Es esta la época de los grandes revivals: del neogótico inglés victoriano a la recuperación del «grand siècle» francés, en el que reviven, mezclados, los diversos estilos «Luis». El estilo Imperio y el estilo William Morris abren y cierran esta época.
IMPERIO
Nace a comienzos del siglo como reacción al rococó, a partir de la recuperación de la temática iconográfica grecorromana en apoyo del régimen político napoleónico.
En los tejidos de decoración, muy ricos, domina el damasco, con empleo de cintas y recurso a motivos como la palmeta, los óvalos, hojas de acanto y decoraciones de greca.
WILLIAM MORRIS
Su estilo domina el último cuarto del siglo y, aunque inserto en el clima de revival antes descrito, ofrece de él una interpretación personal: rechaza la simple reproposición de antiguos estilemas y, ocupándose personalmente de las distintas fases de elaboración, logra una estrecha correlación entre el dibujo y el material sobre el que debe realizarse. En los tejidos chintz de algodón ligero o en las sedas prefiere los dibujos ondulantes de desarrollo vertical; en las telas de seda y lana prevalece el dibujo de óvalos de doble punta con flores y pájaros