Iglesia de Sant'Emiliano
La pieve de Sant'Emiliano en Padenghe se alza fuera del actual núcleo habitado, sobre un pequeño «promontorio» morrénico no muy alejado de la imponente mole del castillo, en el camino hacia Lonato (ver foto exterior). También esta iglesia, como San Cipriano de Lonato, es un pequeño edificio religioso de época románica, construido en piedra y cronológicamente atribuible a los siglos XI-XII. La primera mención documental se encuentra en una bula del papa Eugenio III del año 1145, según la cual la iglesia de Sant'Emiliano dependía del obispo de Verona (san Emiliano, titular de esta iglesia, vivió en una región hoy rumana y fue martirizado en el siglo IV). El edificio es de planta rectangular, con ábside semicircular al este, fachada a dos aguas al oeste y nave única. En el lado sur se adosan ahora estructuras de construcción más reciente destinadas a uso agrícola. Un macizo portón de arco de medio punto realizado en ladrillo, situado en la prolongación del muro longitudinal sur hacia occidente, da acceso a esta zona privada. En el siglo XVI, según los estudiosos, el interior de la iglesia fue restaurado radicalmente y en esa ocasión, además de una probable reconstrucción de las cubiertas y de algunos tramos de los muros bajo el alero, se construyó la pequeña espadaña injertada en la esquina nordeste. Sant'Emiliano perdió su centralidad cultual precisamente en este período, cuando se construyó la nueva iglesia parroquial en el centro del pueblo. El declive continuó hasta el abandono definitivo y la desacralización del templo. Hubo que esperar a los años cincuenta del siglo XX para que la iglesia, restaurada, recuperase su antigua disposición de época románica, dejándose apreciar sobre todo por la homogeneidad y compacidad de su aparato arquitectónico; también Sant'Emiliano, como San Cipriano, estuvo siempre destinada a desempeñar funciones religiosas para una reducida comunidad agrícola. Hoy la iglesia es visible por tres lados: la fachada, el lado norte y la zona del ábside; como ya se ha dicho, en cambio, el muro longitudinal sur queda encerrado entre estructuras rurales de construcción más reciente. La pequeña iglesia está realizada con piedras de color gris marfil de procedencia local, completadas con piedras algo más grandes, también escuadradas de manera tosca y apenas niveladas en las caras vistas, de color rosado, utilizadas estas últimas sobre todo en las jambas de las puertas y en las esquinas (los estudios hablan de medolo, corna, mármol de Botticino y mármol rojo de Verona). Aunque la colocación en hiladas horizontales es bastante regular en lo que respecta a las piedras grises y a la disposición de las piedras rosas en ciertos tramos específicos del muro, el contraste cromático resulta poco apreciable y es difícil asociar estas diferencias de color a una intención decorativa inicial. La fachada a dos aguas, absolutamente desprovista de decoración, está alterada, en su parte sur, por la construcción del portón con tejadillo que sirve de entrada a la zona rural (ver foto fachada). El óculo abierto en el centro, sobre la entrada, es también una obra moderna; son en cambio originales las estructuras de la portada, formada por una sencilla abertura rectangular enmarcada por jambas de mármol rojo de Verona, monolítica la de la derecha y compuesta de dos piezas la de la izquierda, más pequeña la que sostiene el dintel horizontal, todo ello coronado por un luneto de arco saliente realizado con cuatro bloques, también de mármol rojo de Verona (en el luneto se ven restos de un fresco de época medieval, pero demasiado deteriorados para proponer una lectura); poco por encima de este arco está empotrada una piedra rosa escuadrada con una cruz griega esculpida en relieve, picada en tres de sus cuatro brazos. En este sector, el sistema constructivo presenta una ligera diferencia respecto al muro longitudinal norte y a la zona del ábside: aquí los sillares son algo más grandes hasta el nivel del luneto de la portada, donde se acusa mejor la separación entre las piedras más gruesas, de dimensiones considerables, en la parte baja, y las partes superiores en sillares más pequeños, que tienden a reducirse en las zonas más altas. Permanece visible casi íntegramente el muro longitudinal norte (ver foto costado norte), cuyos paramentos, compactos y homogéneos, presentan las mismas características constructivas de la fachada, en las partes de esta que pueden atribuirse al edificio románico, realizadas con sillares de piedra de distintas dimensiones, apenas trabajados, dispuestos en hiladas horizontales sobre capas de mortero de un par de centímetros (según los expertos, se habrían completado en muchos puntos con nuevos morteros fruto de restauraciones modernas). La irregularidad del corte de las piedras y la variedad de tamaños no permiten una alineación perfecta. Es visible también la distinta dimensión de las piedras en las partes altas del muro, más pequeñas que las de abajo, en las que los sillares presentan una labra algo más cuidada, con la cara vista modelada mediante un tosco cincelado. Solo las esquinas extremas, tanto las de la fachada como las de la zona del ábside, están realizadas con grandes sillares de piedra rosa de Verona, apenas trabajados en las caras vistas. En este tramo de muro norte no hay aberturas, salvo una estrecha puerta, con el umbral elevado respecto al nivel actual del terreno, abierta cerca de la zona del ábside y delimitada por jambas y dintel horizontal monolíticos de mármol rosa veronés, sin decoración. Esta abertura parecería pertenecer a la construcción original aunque, probablemente, no esté del todo exenta de restauraciones. En la esquina nordeste se levantó una pequeña espadaña de ladrillos rojos, con una sencilla ventana monófora para la campana. Este añadido sería atribuible a los siglos XVI-XVII, con ocasión de la reconstrucción de las cubiertas, cuando se abrió el óculo de la fachada y se recreció el hemiciclo del ábside. Los muros del macizo ábside semicircular (ver foto ábside), como todo el aparato mural de la zona este, subrayan los caracteres de compacidad y homogeneidad, acentuados por una mayor regularidad tanto en el corte como en las dimensiones de las piedras de color gris marfil, además de inserciones de sillares rosas, sin obtener sin embargo del contraste cromático de los dos tipos de material empleados un efecto decorativo. No tiene lesenas, si se exceptúa una especie de reborde en relieve en el encuentro con los muros del fondo de la nave, y adopta el motivo decorativo de arquillos monolíticos de distinto material (en su mayoría de piedra rosa de Verona, excepto tres de piedra blanca, ver foto ábside det.) y ligeramente distintos también en sus medidas, muy salientes, con anchos arranques sostenidos por sencillas ménsulas con un escalón en relieve en la parte alta. Una cornisa de caveto, también de piedras diversas y de distintas dimensiones, constituye el punto de unión entre los muros del ábside y la cubierta de teja árabe. En la base del hemiciclo es visible el zócalo de cimentación, realizado con técnicas constructivas más aproximativas, con un abundante empleo de cantos rodados sin labrar. Dos elegantes ventanas monóforas de mármol rosa de doble derrame se abren en el ábside (la del sur con arco, alféizar y jambas monolíticos, la del centro con arco superior, alféizar y jamba derecha monolíticos y jamba izquierda compuesta de dos sillares). Una eventual tercera ventana monófora en el sector norte del hemiciclo no encuentra confirmación en los muros, que no presentan señales de cegamientos o restauraciones. Un detalle de difícil interpretación es un tramo de lesena inserto en el hemiciclo y conservado solo parcialmente; de ella quedan únicamente dos sillares escuadrados de piedra clara que sobresalen unos diez centímetros, con una altura de poco menos de un metro. En el tramo de muro superior, así como en un par de metros aproximadamente del tramo inferior, correspondiente a la hipotética prolongación de la lesena, son visibles, en la disposición de los sillares, irregularidades y arreglos realizados probablemente tras el desmantelamiento de partes de esta lesena. Esta anomalía, según los estudiosos, se debería a la restauración del siglo XVI, que supuso el recrecimiento del ábside, además de la construcción de la espadaña y de las cubiertas y la eliminación de una segunda lesena probablemente inserta en la parte meridional del hemiciclo: ciertamente resulta bastante llamativo, si no exagerado, el vuelo de los dos sillares, quizá excesivo para una construcción tan sencilla y esencial. En cualquier caso, qué función arquitectónica cumplía este detalle es hoy difícil de establecer. Quizá podía tratarse de un simple soporte para sostener estructuras auxiliares de madera. Poco por debajo de la ventana monófora central, a la izquierda de ese tramo de jamba-lesena, está empotrado un sillar de piedra blanca, que sobresale unos veinte centímetros y está inserto a una altura de poco más de un metro del suelo; también este pequeño detalle podría considerarse una especie de ménsula para estructuras perecederas exteriores al perímetro de la iglesia, hoy desaparecidas. Estas dos piedras salientes, en un muro tan plano, constituyen una particularidad, como sin duda particular debía de ser su función estructural. El encuentro de la esquina sur de la nave con los muros de las recientes construcciones rurales está marcado por piedras escuadradas bastante grandes, dispuestas, también aquí, alternando sin continuidad piedras rosas y piedras grises; todo el aparato mural del lado este se caracteriza por el mismo sistema constructivo, con la única excepción de las partes altas del frente terminal de la nave, donde las hiladas horizontales se pierden bajo el enlucido, al igual que se hace más aproximativo el escuadrado de los sillares, asentados en un grueso mortero (debería tratarse de la reconstrucción realizada con ocasión de la eliminación del recrecido del ábside, llevada a cabo a mediados del siglo XX). Lo que queda visible de los muros del lado longitudinal sur no presenta la misma homogeneidad constructiva que se observa en las otras partes de los muros perimetrales, sobre todo en las zonas altas, donde, pese a mantenerse el mismo criterio de emplear sillares más pequeños que en las partes bajas, los morteros de unión presentan inclusiones de ladrillo y fragmentos de teja árabe. Sobresalen, quizá como indicio de antiguos soportes para cubiertas perecederas, dos ménsulas. El edificio actual mide 9 pasos de anchura por 16 de longitud, tomados en la esquina nordeste, más tres pasos de extensión máxima del hemiciclo del ábside. Al aula única de la iglesia se accede por dos escalones, ya que el pavimento de cemento está elevado aproximadamente medio metro respecto al nivel del atrio. El interior (ver foto interior) está escasamente iluminado, puesto que las únicas aberturas que dan luz son el óculo de la fachada, las dos ventanas monóforas del ábside y la puerta-ventana abierta en el muro longitudinal norte. continúa >>>
Bruno Balestrini (fotografía), «Iglesia de Sant'Emiliano», Románico menor en Italia, Padenghe, Italia. Archivo fotográfico Bruno Balestrini, https://brunobalestrini.org/cita/romanico-minore-00014/. Consultado el [fecha de consulta].