Ciclamen
Descripción
El Cyclamen persicum, cuyo tubérculo redondo y aplastado se asemeja a una cebollita, ha dado origen a muchas variedades de ciclámenes de flor grande (unos tres o cuatro centímetros) que se utilizan como plantas de interior de floración invernal. Son elegantes las hojas acorazonadas de un verde jaspeado de plata, así como las flores solitarias que se abren en el extremo de largos tallos rectos y que pueden ser de color ciclamen, pero también de diferentes tonos de rojo y rosa, o blancas.
Cultivo
Para disfrutar largo tiempo de la espléndida floración de los ciclámenes conviene colocar las macetas en el exterior, en los alféizares, retirándolas durante la noche si se temen heladas; las plantas desean una luz óptima, poco sol, y no toleran el calor seco de nuestras viviendas. Para conservar bien los ciclámenes conviene verter regularmente un poco de agua en el plato (evitando encharcamientos) y no regar las macetas desde arriba: de este modo se evita provocar podredumbres en las hojas y en el tubérculo. El ciclamen, en efecto, ama una tierra fresca, pero solo ligeramente húmeda. Al final de la floración (y en el exterior la floración puede prolongarse mucho) hay que suspender los riegos durante un mes aproximadamente; después hay que sustituir la tierra por un sustrato nuevo y rico, volver a regar con regularidad y abonar, más o menos una vez al mes, con un abono rico en potasio. En verano las macetas estarán bien al aire libre, rigurosamente a la sombra, en un ambiente rico en humedad difusa.
Multiplicación
La reproducción de los ciclámenes se realiza por semilla, y no es factible en casa.