Coleccionismo y proteccionismo
Desde hace muchísimo tiempo el Hombre recoge y captura, para coleccionarlos o para estudiarlos, ejemplares de todo cuanto concierne al vasto campo de las ciencias naturales: desde el fósil al mineral, desde la planta a la concha, hasta llegar a los insectos. Fue tras la publicación, hace unos dos siglos, del «Systema naturae» del naturalista sueco Carlos Linneo, en el que por primera vez sentaba las bases de lo que llegaría a ser la sistemática moderna, cuando se empezaron a recoger ejemplares de fauna y flora siguiendo por primera vez un criterio científico y racional. Muchos viajeros y exploradores de los siglos pasados trajeron de sus expediciones interesante material de estudio: entre ellos recordemos a Bottego, que durante sus viajes recogió muchísimos ejemplares, parte de los cuales se conservan en el Museo «Andrea Doria» de Génova.
Fue con la expansión del colonialismo, sobre todo en el siglo pasado, cuando se produjo un notable incremento del conocimiento de la fauna exótica. Era costumbre, en efecto, de muchos oficiales y pequeños señores de los países ocupantes pasar el tiempo libre recogiendo insectos, para proceder luego a su clasificación; la mayor parte de estas colecciones ha llegado hasta nuestros días, constituyendo así una fuente indispensable de material de estudio y de comparación.