Cabeza de Cristo
Otras veces —y quizá por mano de artistas septentrionales, emparentados con la escultura de allende los Alpes— la representación de Cristo prescinde de toda búsqueda de belleza humana o de solemnidad hedonista, para simbolizar el sufrimiento de la carne y la victoria del espíritu mediante una cruda deformación de los rasgos. El ritmo ascendente de las líneas, muy acentuado incluso respecto al del Descendimiento de Tívoli, y la marcada estilización no se vinculan tanto a las antiguas fórmulas bizantinas, aun renovadas en la lección llamada «patética», cuanto señalan, en su conmovido fluctuar, la vía por la que el románico pasa decididamente al gótico.
Bruno Balestrini (fotografía), «Cabeza de Cristo», obra de Anonimo, Escultura románica, Milán, Museo d'Arte Antica del Castello Sforzesco. Archivo fotográfico Bruno Balestrini, https://brunobalestrini.org/cita/sch00520/. Consultado el [fecha de consulta].