Iglesia de San Pietro in Mavino
FRESCOS Los tramos de muro sin frescos están totalmente enlucidos. A partir de la entrada, hacia la izquierda, colgado de la pared se encuentra un gran fresco arrancado en el que está representada una serie de santos apóstoles. Se distingue bien a san Simón, que señala con el dedo una cartela con la fecha 1321 (ver foto Procesión). Más adelante queda un tramo de fresco en el que está pintada otra secuencia de santos (ver foto grupo de 3 santos), quizá de época posterior a la de ejecución del fresco anterior, o cuando menos realizada por un artista distinto. En efecto, las aureolas están realizadas en un estilo diferente, con una corona de rayos en relieve (este tipo de ornamento se encontrará también en otras figuras de santos pintadas en esta iglesia), mientras que en el fresco grande están simplemente pintadas. Del mismo modo, son muy distintas las figuras de los santos, que aquí se presentan con mayor riqueza de detalles y mayor variedad cromática. Bien visible es la figura de san Pedro (con hábito de monje y tonsurado), con las llaves y un báculo en la mano, y a sus pies dos pequeñas figuras de orantes. A su izquierda, ahora mutilada, solo queda un fragmento de otra figura de santo de vestiduras suntuosas (quizá un obispo). A su derecha, en cambio, tiene un santo obispo de rostro picado. Más allá del obispo, hacia la derecha, aparece de nuevo la figura de un monje, también aquí por desgracia con el rostro borrado, que sostiene un libro en la mano (por este detalle, quizá identificable con san Benito). En este lado de la iglesia, más o menos hacia la mitad de la nave, se abrió en época moderna una capilla dedicada a los caídos. A la derecha de esta capilla se encuentra hoy otro fragmento de fresco arrancado, bastante bien conservado (ver foto san Miguel). Está dividido en tres secciones: en el centro, en aceptable estado de conservación, destaca un san Miguel que atraviesa con la lanza a un dragón o al diablo (este detalle falta). A la derecha de san Miguel, enmarcada, la figura de un santo con la palma del martirio en la mano y que sostiene un libro bajo el brazo izquierdo. A la izquierda, también encuadrada por un marco moldurado y en buen estado de conservación, aparece la figura de un noble identificable con san Roque por el dedo que señala el muslo, donde generalmente es visible la señal de la enfermedad (aquí, sin embargo, ha sido raspada). Un último y amplio tramo con frescos cubre la parte del muro longitudinal norte próxima a la zona absidal, pero por desgracia se trata de la zona peor conservada, con al menos dos capas de pinturas y sinopias. El ciclo se desarrolla en dos franjas horizontales distintas: abajo pueden verse parte de las figuras de tres santos con vestiduras de aire arcaico bizantinizante. Un grueso marco pintado con un motivo de grecas separa esta secuencia, muy interrumpida por pérdidas de color, de la secuencia superior, aún peor conservada, que de forma irregular y con tonos cromáticos muy desvaídos deja adivinar la figura de un personaje arrodillado vestido de blanco. El hemiciclo del ábside menor norte está totalmente pintado. En primer plano hay una Virgen con el Niño, mientras que figuras de santos ocupan los lados y la parte inferior. También el frente del pequeño altar conserva restos muy deteriorados de fresco: aún puede verse la figura de un santo con los brazos abiertos. En la jamba que separa el ábside norte del central está pintado un san Antonio abad estropeado por inscripciones y grafitos. En el ábside central la decoración se desarrolla en dos niveles. El nivel superior está ocupado por dos recuadros en los que están pintadas las almas de los condenados y las de los bienaventurados orantes, vueltos hacia una gran mandorla en la que preside, entronizado, el Cristo Pantocrátor (ver foto Pantocrátor). A los lados de este último están pintados la Virgen y el Bautista con ángeles que tocan las trompetas. Abundan los motivos ornamentales de tipo floral, tanto en el espacio en torno a Cristo como en el marco de la bóveda de cuarto de esfera del ábside. Cabe señalar la suntuosa vestidura de estilo bizantino, con la túnica ricamente decorada con piedras preciosas (con reminiscencias de los mosaicos paleocristianos de Rávena). A los pies de Cristo, de dos grandes sarcófagos, uno a la izquierda y otro a la derecha, emergen de medio cuerpo figuras humanas desnudas, las almas de los Bienaventurados y de los Condenados o, más sencillamente, la Resurrección de los Muertos. Los más visibles son los seis condenados, abajo a la izquierda del Pantocrátor; criaturas serpentiformes atormentan a los personajes (ver foto condenados). La parte inferior está ocupada por otro fresco en el que se disponen seis figuras de santos dentro de marcos. La época de ejecución de este fresco parecería anterior a la del fresco de Cristo, dado que algunos tramos del enlucido de la franja superior se superponen a los marcos de los seis santos. La representación es bastante plana y lineal: (ver foto fresco santos 1) tres santos están situados entre la ventana monófora de la izquierda y la monófora central, y tres en el lado opuesto, respetando los perfiles de los vanos. El primer santo, empezando por la izquierda, es la habitual representación de un santo monje apoyado en un bastón con ambas manos; en el centro del tríptico hay otro santo, con vestidura blanca, barba blanca y tonsura, que sostiene apoyado en el brazo izquierdo un libro con la cubierta decorada; junto a esta figura aparece un Santiago, identificado por el nombre escrito encima, en el marco, y por las conchas del zurrón. También Santiago sostiene, apoyado en el brazo izquierdo, un libro con la cubierta finamente decorada. En origen, también las otras dos figuras debían de llevar el nombre en caracteres góticos, pero por desgracia hoy solo quedan escasas huellas. Una particularidad de estos tres personajes la constituyen las aureolas en torno a la cabeza que, además de la capa de color oro, presentan restos de relieve en estuco. En el grupo correspondiente del lado derecho se encuentra en primer lugar un santo no identificable con mayor precisión (ver foto fresco santos 2). Aunque en aceptable estado de conservación, se percibe la tosca ejecución de esta figura, sobre todo en los rasgos del rostro, que resultan desproporcionados respecto al resto del cuerpo (una comparación estilística con las figuras del tríptico contiguo y de los dos santos cercanos pone de manifiesto la escasa familiaridad del artista con la anatomía y con el respeto de las proporciones del cuerpo humano). El santo, con manto blanco, poblada barba gris y largos cabellos, sostiene en la mano izquierda una cartela cerrada. A su izquierda está representado san Pablo, con poblada barba oscura y pronunciadas entradas; sostiene en la mano derecha una espada y en la izquierda un libro. Si respecto al primer personaje de esta secuencia podían surgir dudas sobre la contemporaneidad o sobre la mano del artista autor de las seis figuras de santos, también en el libro que tiene en la mano san Pablo se evidencian diferencias macroscópicas: las cubiertas que encuadernan los libros de Santiago y del santo contiguo están finamente decoradas, mientras que aquí la cubierta es extremadamente sencilla. Distinto es también el dibujo de las aureolas, que en este caso, además de carecer de decoración de estuco, se resuelven con un simple motivo radial. El tercer santo, también aquí de difícil identificación y absolutamente desprovisto de atributos personales, se caracteriza por el manto que cubre gran parte de su cuerpo: su decoración, que se desarrolla en rombos blancos y verdes sobre un fondo liso de color marfil, recuerda motivos antiguos de época prerrománica, que no puede ser, desde luego, la época de realización de estas pinturas. Quizá en estos tres santos las diferencias estilísticas se deban solo a la diversidad del artista que trabajó aquí, ciertamente no el mismo que pintó al fresco el Santiago y los dos santos contiguos: no cabe excluir que la tosquedad de ejecución que revelan los tres santos de la derecha pueda ser fruto de torpes campañas de restauración. Otra diferencia entre las dos secuencias de personajes se aprecia en los contornos de las figuras de los santos: los de la izquierda están contorneados en negro, mientras que las figuras de los tres de la derecha se recortan, en cambio, sobre un fondo de distinto color. La jamba muestra, mal conservada, una figura de san Pablo con la espada en la mano. En el ábside sur la pared pintada al fresco está dividida en dos compartimentos (ver foto fresco ábside menor dcha.). Las partes de la bóveda de cuarto de esfera y del hemiciclo están ocupadas por una Crucifixión, con María y las santas mujeres llorando a la izquierda de la cruz, mientras que a la derecha aparece una figura de santa en oración con las manos juntas sobre el pecho. En la parte inferior del fresco aparecen tres figuras bastante estropeadas y desvaídas: en primer plano, la figura de un ángel (el rostro es ya ilegible, así como partes de las alas). A su derecha está representada una santa que parece presentar una pequeña figura arrodillada de orante. A la izquierda del ángel, lo que estaba pintado ha sido borrado casi por completo: se intuye que era una figura de santo que, como la santa del lado opuesto, presentaba a un orante. Curiosos son dos círculos (situados entre las alas del ángel y los personajes laterales): a la derecha del ángel, el color púrpura parecería ocultar un rostro humano, mientras que el anillo opuesto parecería delinear los rasgos de un rostro humano (¿quizá el Sol y la Luna?). También aquí el frente del altar del ábside menor conserva restos muy desgastados de fresco de una figura de santo (solo se ve la aureola). Hay además un fragmento de fresco en el tramo de muro entre el ábside y la puerta rectangular del muro longitudinal sur. Se realizó en dos capas: empezando por la izquierda, la pintura más antigua se encuentra en aceptable estado de conservación: se ven, en secuencia, una figura femenina con aureola y corona real, ataviada con una suntuosa vestidura de estilo bizantino (¿quizá santa Elena?), perceptible en los adornos que decoran el corpiño del vestido. Al lado hay un santo monje (tiene tonsura y aureola), con un libro de cubierta decorada en la izquierda; sobre las cabezas de estos dos personajes asoman los fragmentos del fresco que se había pintado encima de esta escena: se observan dos cabezas que calcan, o cuando menos repiten, los rasgos de los rostros de las dos figuras subyacentes más antiguas: una cabeza femenina con aureola y corona y una cabeza masculina con tonsura (ver foto fr. long. sur). Siguiendo en dirección a la fachada se encuentra un san Antonio abad (realizado al mismo tiempo que los dos fragmentos contiguos, menos antiguos), de larga barba bífida, con la mano derecha alzada en actitud de bendecir y en la izquierda una campanilla. El sayal está rayado y casi enteramente cubierto de incisiones de diversas épocas. Una pérdida de color en el hábito del santo indica que debajo había otros frescos. El tercer personaje de esta escena es un san Pedro: presenta por desgracia una grave laguna de color en el centro y sostiene en la mano un par de llaves; puede adscribirse a la misma fase cronológica que el san Antonio. Siguiendo hacia el oeste después de la puerta lateral, a lo largo de unos quince metros, se desarrolla una larga franja de frescos. Notables y decisivas son las partes que faltan (bastante visibles son solo las primeras escenas a partir del este y unos pocos fragmentos maltrechos en el extremo oeste). Lo que queda, de izquierda a derecha, es un santo de cabellera «salvaje», con un rótulo abierto; un santo de aspecto, por así decirlo, más serio; una María Magdalena de larguísimos cabellos rubios y ojos muy abiertos (ver foto María Magdalena) entre dos angelitos, seguida de una santa con corona real, un libro cerrado en la mano izquierda y la derecha levantando el borde del vestido. La secuencia de frescos prosigue con una Virgen entronizada con el Niño; aún más a la derecha queda, parcialmente deteriorada, una Virgen de la Misericordia entre dos angelitos y dos santos (de los que ya solo es visible el de la izquierda). En el tramo final hacia el oeste se conserva otro breve tramo de fresco ya ilegible. En la parte suroeste del muro de la contrafachada está pintado, por último, un santo de vestiduras de aire bizantinizante, cerca de unas figuras orantes vueltas hacia las secuencias pictóricas que debían de cubrir el muro longitudinal sur. Junto a la portada de entrada se encuentra una pila de agua bendita cuyo fuste está formado por un monolito de piedra clara, escuadrado y sin decoración, mientras que la pila es cuadrada, con una cavidad central escuadrada, y está decorada en tres lados con una sencilla serie de molduras salientes.
Bruno Balestrini (fotografía), «Iglesia de San Pietro in Mavino», Románico menor en Italia, Sirmione, Italia. Archivo fotográfico Bruno Balestrini, https://brunobalestrini.org/cita/romanico-minore-00028/. Consultado el [fecha de consulta].