Agave victoriae-reginae T. Moore
Descripción
Pequeña y muy compacta, la A. victoriae-reginae es una planta normalmente solitaria, aunque en cultivo puede a veces ahijar. Las hojas verdes, con márgenes blancos muy marcados, son cortas (15-20 cm), rígidas y gruesas, y crecen muy apretadas unas contra otras. En el ápice de cada hoja hay una espina negra corta y robusta. La inflorescencia en forma de espiga, de 2 a 4 metros de altura, lleva un gran número de flores emparejadas de colores variados, a menudo con matices rojo púrpura. Como en todas las agaves, el esfuerzo realizado para florecer agota la planta, que muere en poco tiempo. Podrá no obstante reproducirse por sí sola gracias a las semillas dispersadas por el viento y a los brotes laterales producidos en la base del tallo poco antes de morir.
Cultivo
Gracias a su perfecta simetría y a la belleza de los dibujos de sus hojas, la A. victoriae-reginae se introdujo hace tiempo en todo el mundo y la codicia todo coleccionista de suculentas. Un suelo drenado sin estancamientos de agua, la exposición a pleno sol y un invierno en seco con temperaturas mínimas poco por encima de cero son las reglas fundamentales para tener éxito en su cultivo. Riegos abundantes durante la buena estación, unidos a algún abonado rico en potasio, no podrán sino hacer exuberante esta maravilla de la naturaleza. En las zonas costeras, o en cualquier caso en zonas libres de heladas prolongadas, estas plantas pueden cultivarse con éxito al aire libre, donde podrán expresar mejor su belleza. En los climas fríos es aconsejable el cultivo en maceta, para poder resguardar la planta durante el invierno en locales frescos y secos.
Reproducción
por siembra o por esqueje utilizando los brotes basales,, casi siempre ya enraizados.