Pieve di San Giorgio di Valpolicella
Interior (ver foto interior) La división interior en tres naves se debe, empezando por el oeste, a sencillos pilares compuestos de planta rectangular desprovistos de decoración (a excepción de los pilares del lado sur, pintados con figuras de santos realizadas en época posrománica): en secuencia, cuatro pilares y tres columnas al sur y cinco pilares al norte, el más oriental de los cuales está inserto entre dos columnas, sostienen ocho arcos longitudinales por lado, con los intradós adornados con repetitivos motivos de círculos con hojas estrelladas y cálices o copas, pintados en rojo. No hay cripta y el pavimento es de baldosas de caliza clara. Las cubiertas son de vigas vistas (cerchas), claramente de época reciente. Los muros están realizados íntegramente con piedras claras apenas desbastadas y no de gran tamaño. En el muro longitudinal sur de la nave central se abren siete ventanas monóforas, mientras que no hay vanos en el lado norte opuesto. Además de las siete monóforas altas, en el muro perimetral de la nave lateral meridional se sitúan tres aberturas distintas: junto al saliente que forma la base de la torre campanario, hacia el oeste, hay dos puertas adinteladas que dan al atrio, mientras que otra puerta se encuentra en el último tramo que precede al absidiolo sur y se abre al claustro; está coronada por un arco de medio punto, con las partes murales adyacentes fuertemente enlucidas, también para acoger el fresco de Adán en el Jardín del Edén. La zona absidal recibe luz de las tres monóforas del ábside mayor y de las dos abiertas en cada uno de los ábsides menores. En el muro norte del presbiterio hay una escultura de estuco de época gótica que representa a la Virgen flanqueada por cuatro santos. En el centro se sitúa una puertecilla que debería abrirse a la hornacina que guarda el óleo santo de los bautismos: debajo se desarrolla un relieve de hojas con un escudo en el centro. Hacia la nave central, en el espacio entre los arcos longitudinales, se han colocado unos medallones modernos que representan las estaciones del «Vía Crucis». Los capiteles de las columnas se realizaron con bloques tallados en aras romanas. En tres de ellos, desde la entrada, el primero al norte y el segundo y el tercero al sur, todavía se leen inscripciones en letras latinas. La basa de la primera columna del lado sur está formada además por un ara romana pagana de piedra monolítica (ver foto ara romana) en la que se lee: «SOLI ETIVNA(I?) … O SERTORIVS OF … FESTVS FLAMIN …». Este fragmento prerromano, «con dedicatoria al Sol y a la Luna», avalaría la hipótesis de una antigua frecuentación cultual del lugar. Es curioso que la mayor parte de los fragmentos de época romana y precristiana o pagana reutilizados en las estructuras arquitectónicas de la iglesia se concentren en la zona este, en el sector del edificio que los estudiosos consideran de época románica, mientras que en el sector oeste, más antiguo, que ocupa a grandes rasgos en longitud los cuatro primeros arcos longitudinales y los correspondientes ocho primeros pilares (cuatro por lado), el material de reaprovechamiento esté casi ausente. Del mismo modo, en el sector sur, desde el ábside lateral hasta los pilares y el muro longitudinal de la nave lateral, así como en la zona terminal oeste de la nave central, se concentran importantes restos de frescos de distintas épocas. Singular, y de significado bastante oscuro, es la escena pintada sobre la puerta que da al claustro, donde sigue siendo visible, a la izquierda, un personaje desnudo de cuerpo entero encuadrado en un marco rojo y amarillo. La escena se interrumpe en el centro con una llamativa pérdida de color, para continuar luego hacia la derecha con una secuencia de tres personajes. Solo una figura se conserva íntegramente, junto a un palacio o torre. La ejecución es sobria y lineal, con un reducido despliegue de variantes cromáticas. Los pliegues muy marcados de las vestiduras y los robustos rasgos fisonómicos remiten a experiencias artísticas de raigambre arcaica y bizantinizante. La cronología de estos restos pictóricos sigue siendo incierta, como dudosa es su lectura. Los estudiosos proponen el siglo XIII (aunque fuera a sus comienzos) e interpretan el episodio como Adán en el Jardín del Edén. Importantes, aunque muy deteriorados, son los restos pictóricos que adornan la sección central de la entrada oeste. En la bóveda del ábside, sobre un fondo celeste/azul, preside entronizado Cristo bendiciendo (Pantocrátor), inscrito en una mandorla de varios marcos de color rojo, celeste y blanco. A los lados de la mandorla debían de estar los símbolos de los cuatro evangelistas. Por desgracia, a la derecha no queda casi nada, mientras que a la izquierda, muy dañados y difíciles de identificar, se adivinan abajo el Toro, símbolo del evangelista Lucas, y encima una figura de santo (se ve el nimbo dorado alrededor de la cabeza), arrodillada y de espaldas respecto a Cristo. Tanto los intradós como el frente del derrame absidal conservan una decoración de motivos geométricos sobre fondo rojo. Otro tipo de decoración geométrica en laberinto delimita por abajo la representación cristológica. Poco más abajo hay una hornacina con restos de pinturas. El sector ocupado en parte por la entrada actual ha sufrido mucho con esta inserción, y conserva en algunos tramos de muro fragmentos que se han convertido ya casi en sinopias. También en el frente superior de la nave mayor, entre las dos monóforas, se conservan restos de fresco, y en las dos jambas, algo más legibles, se entrevén, una a cada lado, las figuras de dos santos (ver foto ábside oeste). Según la restauración de 1975, la época de ejecución podría situarse entre finales del siglo XI y principios del XII. Para establecer comparaciones con fines cronológicos, la crítica reconocería «influjos bizantinos pero siempre en clave otoniana» en los fragmentos conservados de la decoración pictórica de la zona occidental de San Giorgio di Valpolicella, «que parecen más estrechamente emparentados con el arte lombardo». En el sector oriental, sobre el arco triunfal que precede al ábside desde la nave mayor, se conservan restos de escenas pintadas; sigue siendo parcialmente legible un fragmento (ver foto arco triunfal este) situado en el frente sur, donde aparece la figura de un santo nimbado, de barba y cabellos blancos, con la mirada dirigida hacia la luneta angular, que sostiene sobre las rodillas a un niño, quizá defendiéndolo de una bestia erguida sobre las patas traseras, con hocico de perro o de zorro. De notable esmero es también la greca horizontal bajo la cubierta, decorada con un motivo geométrico de distintos colores y en buen estado de conservación. El estilo no parecería corresponder a los frescos del sector occidental opuesto, aunque quedan indicios que pueden remitir a tradiciones artísticas todavía medievales. También en la pared lateral sur está representada una Última Cena. Según los estudiosos, la particularidad de este fresco consiste en haber representado la Sagrada Mesa provista de diversos objetos típicos de la época (obra probablemente del siglo XIII). Ciborio (ver foto ciborio) En el centro del ábside central se encuentra el monumental ciborio. Está formado por cuatro columnas con capiteles de ángulos achaflanados, esculpidos con caulículos y rosetas centrales de forma diversa, crucíferas o de flores redondas o con motivos estrellados, y coronado por cuatro bloques con decoración en sus cuatro caras visibles, en buen estado de conservación. En las dos columnas que miran a la nave está grabada la inscripción que nombra a los comitentes y a los artistas que ejecutaron el ciborio. Las cuatro columnas descansan sobre una piedra de altar sostenida a su vez por cuatro pilarcillos bajos. La cornisa del ciborio está constituida por una doble faja ligeramente volada; la decoración, igual en los cuatro lados, consiste abajo en palmetas sencillas y encima en motivos en S con volutas. Dos de las cuatro arcadas del ciborio –las de los frentes norte y este– están decoradas con diversos motivos geométricos de entrelazo, incluso doble, y de cintas de dos cabos. Las otras dos arcadas –las de los frentes sur y oeste– están en cambio esculpidas con volutas, sarmientos, hojas estilizadas en espiral y motivos semejantes al plumaje de los pavos reales. La decoración del frente oeste presenta muchas semejanzas con el ornato del frente sur, del mismo modo que el lado este es artísticamente asociable al lado norte. Empezando por el frente que mira a la nave, las cuatro caras están decoradas como sigue: a) frente oeste: a los lados de los arcos hay dos cruces astiles coronadas por una faja horizontal decorada con caulículos y cruces; b) frente sur: el espacio lateral está ocupado por dos refinados entrelazos de sarmientos, hojas y racimos de uva; c) frente este: aparecen dos medallones con un motivo floral redondo de los que parecen colgar por la boca dos parejas de peces por medallón; d) frente norte: dos pavos reales estilizados y muy toscos que apoyan el pico en la curva del arco, junto a dos pequeños medallones redondos esculpidos con motivos geométricos en relieve (ver foto ciborio frente norte). El ciborio conservado en San Giorgio di Valpolicella es uno de los monumentos altomedievales más importantes de cuantos han llegado hasta nuestros días, no tanto por las cualidades artísticas de la obra como por la certeza de la fecha de ejecución (año 712), además de por consignar los nombres de los artistas que lo ejecutaron, un caso extremadamente raro en obras del período lombardo-altomedieval. Por lo que sigue siendo legible de la inscripción de las columnas del ciborio, se deduce que la iglesia de San Giorgio, ya en el siglo VIII, estaba atendida por un clero numeroso y disponía de pila bautismal. El ciborio se ejecutó «siendo rey Liutprando, obispo de Verona Domingo, rectores y sacerdotes de la iglesia Vitaliano y Tancol, inspectores regios Vergando y Teodolfo»; la inscripción la grabó el diácono Gondelme, que refiere también los nombres de quienes ejecutaron el ciborio: un tal Urso, maestro de obras, con sus alumnos o discípulos Juventino y Juviano (algunos proponen un origen local para Urso y sus ayudantes). La seguridad de la fecha de construcción del ciborio permite señalar, «en la robusta concepción, un franco empleo de motivos clasicistas y un acusado gusto naturalista», las orientaciones artísticas en boga en la época de Liutprando, que caracterizan artísticamente las primeras décadas del siglo VIII con el nombre de «Renacimiento liutprandiano». En el siglo IX los mismos motivos ornamentales «se harán más regulares y las tramas de los entrelazos se volverán más densas, fruto también de una ejecución más seca y mecánica». Son posibles comparaciones con el pluteo que representa los pavos reales del Monastero di San Salvatore de Brescia. San Giorgio di Valpolicella es un monumento anómalo en muchos aspectos, en el que una serie de particularidades confluyen en un unicum en el panorama de la arquitectura románica del norte de Italia, y ello por una serie de motivos, entre ellos: ser uno de los pocos monumentos cuyos muros longitudinales y cuyos remates a dos aguas este y oeste son más altos que el nivel de las vertientes del tejado; tener una doble y marcada cronología, con el sector oeste de ábside único, del siglo VIII, y el sector este con los tres ábsides semicirculares, del siglo XII; la doble articulación de los muros longitudinales interiores, distinta entre la zona este, con cinco columnas y un pilar, y la zona oeste, con ocho pilares; el testimonio cronológico que ofrecen las columnillas del ciborio, conservado desde siempre en esta iglesia y realizado en el año 712, que indica la existencia de un edificio religioso en este lugar ya a comienzos del siglo VIII. Pese a todos estos elementos y a las dimensiones monumentales del conjunto parroquial (gran iglesia, imponente torre campanario, claustro y dependencias monásticas), las diferencias siguen siendo, en definitiva, bastante leves, cuando no imperceptibles, y presentan una disposición arquitectónica muy armónica para una construcción tan marginal, fruto de la devoción popular de las pequeñas comunidades cristianas de la Valpolicella. CRÍTICA «Muy evidente es el contraste entre algunas construcciones religiosas del siglo XI, concebidas y realizadas según la tradición basada en un notable equilibrio volumétrico y rítmico, como la catedral de Torcello, San Vincenzo in Prato en Milán, la abacial de Pomposa adosada al atrio de Marzuolo de 1026, Sant'Eufemia alla Giudecca y otras iglesias venecianas del siglo XI, la basílica de Aquilea (reconstruida por el patriarca Popón en 1031), San Giusto en Trieste o San Lorenzo del Pasenatico en Istria, por citar solo los ejemplos más destacados, y la ruda y a veces desproporcionada potencia de las fábricas románicas contemporáneas de Lombardía y de las vecinas regiones del Véneto y de Emilia. Entre estas se encuentra San Giorgio di Valpolicella, sobre soportes no uniformes, y la cercana San Severo di Bardolino».
Bruno Balestrini (fotografía), «Pieve di San Giorgio di Valpolicella», Románico menor en Italia, S. Ambrogio di Valpolicella, Italia. Archivo fotográfico Bruno Balestrini, https://brunobalestrini.org/cita/romanico-minore-00022/. Consultado el [fecha de consulta].