Lavanda
Lavandula officinalis
Descripción
La Lavandula officinalis, la verdadera lavanda, es un pequeño arbusto perennifolio y rústico, de porte erecto, que en la madurez puede superar el metro de altura y a menudo necesita tutores. Cultivada por el delicioso perfume de sus espigas florales, pero decorativa también por sus densas hojas plateadas, la lavanda crece espontánea en las zonas de colinas, mientras que por debajo de los 500 metros está difundida la Lavandula spica, o espliego, que teme el frío y florece aproximadamente un mes más tarde.
Tallo
Los tallos de la lavanda, elegantemente retorcidos, y leñosos a partir del segundo año de cultivo, tienden a descortezarse en las ramas más viejas y a postrarse.
Hojas
Las hojas son opuestas, lineales, cubiertas por una fina pelusa que adquiere matices plateados en las hojas viejas, casi blancos en las jóvenes; también ellas son deliciosamente perfumadas, con mayor o menor intensidad según las variedades.
Flores
Las hojas son opuestas, lineales, cubiertas por una fina pelusa que adquiere matices plateados en las hojas viejas, casi blancos en las jóvenes; también ellas son deliciosamente perfumadas, con mayor o menor intensidad según las variedades.
Cultivo
Cultivar la lavanda no presenta dificultades: la única atención debe ponerse en el drenaje, que ha de ser excelente, ya que las raíces de estas plantas temen los encharcamientos. El cultivo en terrenos escarpados es ideal, tanto porque se favorece la escorrentía del agua de lluvia como porque las raíces de la lavanda contribuyen a sujetar los terrenos con tendencia a desprenderse. La lavanda puede cultivarse también en maceta, siempre que sea al aire libre.
Exposición
Todas las variedades de lavanda aman el sol, una posición abierta resultará útil para prevenir las infecciones por hongos.
Reproducción
El método de multiplicación más sencillo y extendido consiste en hacer enraizar esquejes de ramitas semileñosas, de unos quince centímetros de largo, tomados de plantas jóvenes en las épocas del año en que la temperatura es suave de forma estable, preferiblemente en su segundo año desde la plantación.
Crecimiento
Para mantener en forma las matas hay que podar las plantas enérgicamente al final de la floración y, si es necesario, de modo más ligero en primavera, para eliminar las ramas estropeadas por la nieve o la helada y favorecer la emisión de nuevos brotes.
Recolección
La época de la recolección depende de la variedad, cultivada, de la exposición y de la altitud; lo que hay que tener presente es que las flores, una vez cortadas, deben procesarse de inmediato si se pretende extraer de ellas la esencia. Es importante recoger las flores cuando todavía no están completamente abiertas, en las horas centrales de días secos.
Conservación
Las flores de lavanda secadas a la sombra se conservan después en latas de cierre hermético; si se meten en saquitos de tela fina y se colocan en armarios o cajones, perfuman agradablemente la ropa blanca.
Belleza
Quien desee un agua de lavanda casera debe poner 30 gramos de flores recién recogidas en medio litro de alcohol de 32° y dejarlas macerar durante un mes, y después filtrarlo todo.
Salud
El perfume de la lavanda atrae a las abejas, que producen una excelente miel aromática, mientras que no gusta a los mosquitos, a los que molesta: por eso es aconsejable, en las bochornosas noches de verano, friccionarse con agua de lavanda para refrescarse y al mismo tiempo evitar molestas picaduras. La infusión de flores de lavanda (10 gramos de flores puestos en infusión durante tres minutos en una taza de 200 mililitros) alivia las jaquecas originadas por una digestión lenta; tiene además una acción relajante y antiséptica, por lo que es beneficiosa en caso de laringitis, halitosis y flatulencias.
Curiosidades
La derivación etimológica del nombre no deja lugar a dudas y recuerda el uso que los romanos hacían de esta planta: la usaban para perfumar el agua de los baños y como detergente.